Carriles bici: una apuesta necesaria | Littium Bicicletas Eléctricas

Cada vez son más los ciudadanos que optan por pedalear como su forma de transporte para ir a trabajar o moverse por la ciudad. El año pasado el uso de la bicicleta creció 2 puntos respecto al 2017 según el último Barómetro de la Bicicleta del INE 2019. El estudio también revelaba que la bicicleta había sustituido al coche o la moto en más del 40% de los casos en los desplazamientos cotidianos. Aumentando la notoriedad y el uso de los sistemas públicos de bicicletas.

La apuesta por la bicicleta lleva años en capitales europeas. Ciudades como Ámsterdam, Oslo o Copenhague son tan solo algunos ejemplos. Pero la pandemia ha impulsado que cada vez más capitales tomen acción para impulsar esta forma de movilidad. Uno de los efectos inesperados de la crisis sanitaria que estamos viviendo es que muchas ciudades están quitando espacio al coche para dárselo a la bicicleta.

Berlín ha llevado a cabo un rediseño temporal de algunas avenidas y calles para aumentar el tráfico en bicicleta. Mientras, Milán ha implementado un ambicioso plan de carriles bici. Paris, por su parte, ha visto crecer sus ciclistas un 65% durante este año. La capital francesa ha aprovechado la coyuntura para acelerar su transformación a través de carriles bici temporales.

Ciudades de todo el mundo están siguiendo por la misma senda. Al otro lado del charco, Bogotá ha sido una de las ciudades más ambiciosas del mundo en este tema. A los 550 kilómetros de ciclovías le sumó otros 80 durante la pandemia. Aunque todavía tienen menos desplazamientos diarios a pedales que el año pasado, han doblado la importancia de las dos ruedas. Si en 2019 el 6,6% de los trayectos se hacía en bici, ahora son el 13%.

¿Y España?

Entre las ciudades españolas se encuentran realidades muy diversas en cuanto a las redes de kilómetros de carril bici. En Madrid apenas hay 1 kilómetro de carril bici por cada 100 de vía pública abierta al tráfico. Mientras que en Bilbao, Sevilla, Valencia y Barcelona la ratio es de 15. Aunque la comparación entre ciudades se dificulta al no haber una definición común para los carriles bici. Muchos mapas municipales consideran los denominados ciclocarriles (carriles compartidos con los coches y limitados a 30 por hora) como itinerarios ciclistas y los incluyen como tal, sin diferenciarlos.

A los escasos kilómetros de carril bici que disponen los ciudadanos que optan por moverse sobre dos ruedas, se le suman los peligros y situaciones críticas a los que tienen que hacer frente cada día: carriles bici que acaban abruptamente, problemas en intersecciones, carriles por la mediana sin separaciones con los carriles de coches o con coches aparcados en doble fila, conflictos con los peatones que cruzan sin mirar y un largo etcétera.

Ante esta situación, los ayuntamientos tienen una oportunidad única para promover el uso de la bicicleta. Muchos de ellos están haciendo esfuerzos para impulsar su uso de forma segura, cómoda y eficiente. Para ello, se están dotando de las infraestructuras necesarias incrementado el kilometraje de carriles bici e implementando estructuras para la circulación de la bicicleta eléctrica en núcleos urbanos.

El experto en urbanismo sostenible Mikael Colville-Andersen afirmaba lo siguiente en una entrevista para El País: “Cualquier infraestructura ciclista es una buena solución para hacer que la gente se mueva en bici de manera sostenible. Si pones carriles bici, la gente los usará. Ha hecho falta una pandemia para que muchas ciudades empezaran a pensar en la bicicleta”.